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Crítica: Scream 7: Cuando la taquilla está por encima del cine

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Scream 7 (EE.UU./2026). Dirección: Kevin Williamson. Guion: Kevin Williamson, Guy Busick, James Vanderbilt. Fotografía: Ramsey Nickell. Edición: Jim Page. Elenco: Neve Campbell, Courteney Cox, Isabel May, Anna Camp, Joel McHale. Calificación: Apta para mayores de 16 años. Distribuidora: UIP. Duración: 114 minutos

Vamos a poner las cosas claras. Scream no es una franquicia con un peso determinante dentro de la historia del cine actual. Fue, ante todo, una buena película inicial, sostenida por un muy buen guion, una idea original y sustos efectivos construidos a partir de golpes de efecto bien administrados.

A partir de ahí, las secuelas comenzaron a llegar de manera irregular. Wes Craven se mantuvo en la dirección hasta la cuarta entrega, pero la fórmula empezó a repetirse una y otra vez, perdiendo impacto y sorpresa con cada nueva aparición de Ghostface.

La cuarta parte terminó evidenciando ese desgaste: una estructura ya conocida, sin verdadero riesgo narrativo y apoyada en un mecanismo que para entonces estaba agotado. Lo que había comenzado como una propuesta fresca terminó convertido en repetición.

Wes Craven falleció el 30 de agosto de 2015, en Los Ángeles, a los 76 años. Con él se cerró una etapa completa de la saga, la misma que había nacido con una idea filosa y que, con el tiempo, fue perdiendo esa capacidad de sorpresa que la había vuelto relevante en primer lugar.

Cuando parecía que el ciclo se cerraba, la dupla Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett reactivó la maquinaria con dos películas previsibles en construcción pero eficaces en taquilla. Y en la industria actual eso alcanza. Para la industria hay una regla que se respeta a rajatabla: nada termina mientras los números acompañen.

Treinta años después del inicio, con el regreso de Neve Campbell como Sidney Prescott y nuevamente con Kevin Williamson en la escritura y dirección, Scream 7 insiste en el mismo mecanismo. La escena previa a los títulos vuelve a marcar territorio. Personajes que parecían muertos pero no. Revelaciones forzadas. Giros que buscan impacto inmediato más que coherencia interna.

Hay cambios mínimos para justificar la nueva entrega: caras nuevas, una Sidney ahora casada y madre, con una hija de la misma edad que ella tenía cuando comenzó todo. Pero no se percibe una búsqueda artística que empuje el universo hacia otro lugar. Lo que se percibe es cálculo. Marca. Continuidad asegurada.

Scream 7 es comida chatarra. Es un combo de cualquier negocio de comida rápida: mismo menú, misma receta, mismo resultado. Está diseñado para satisfacer a un público que ya sabe lo que va a consumir y que vuelve justamente por eso. No hay riesgo ni intención de romper el molde. Hay repetición y rentabilidad.

Está claro que Kevin Williamson no es Christopher Nolan ni pretende serlo tampoco.

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