Cumbres borrascosas (Wuthering Heights, Reino Unido/Estados Unidos/2026). Dirección: Emerald Fennell. Guion: Emerald Fennell, Emily Brontë. Fotografía: Linus Sandgren. Edición: Victoria Boydell. Elenco: Margot Robbie, Jacob Elordi, Hong Chau, Alison Oliver, Shazad Latif, Martin Clunes, Ewan Mitchell, Amy Morgan. Calificación: Apta para mayores de 16 años con reservas. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 136 minutos
Todos sabemos lo que es la pizza: cómo es, a qué sabe, qué esperamos cuando pedimos una. Hay miles de versiones, infinitas formas de hacerla y cada cual tiene su favorita. Cumbres Borrascosas es la pizza del cine. Un clásico literario universal, una historia que todo el mundo conoce, sabe de qué se trata y que ya tuvo incontables adaptaciones cinematográficas. La última vez que la vimos fue en 2011, en la excelente versión dirigida por Andrea Arnold.
Pasaron quince años para volver a encontrarla en pantalla grande, esta vez de la mano de Emerald Fennell (Barbie, Saltburn), con Margot Robbie y Jacob Elordi como la pareja protagónica. El resultado es, sin rodeos, decididamente decepcionante: una película de más de dos horas que se vuelve interminable, un suplicio narrativo que nunca termina de armarse, que no arranca en ningún momento y que avanza sin pulso, sin tensión y sin emoción.
Para decirlo con la misma metáfora: a Fennell la pizza le salió mal por todos lados. La masa está cruda, hay muy poca salsa, el queso no se derrite y el relleno llega frío. Nada termina de integrarse, nada encuentra equilibrio, nada logra ese punto justo que convierte un clásico en algo vivo.
Lo único verdaderamente rescatable es el trabajo técnico. La puesta en escena diseñada por Suzie Davies, la fotografía de Linus Sandgren, la música original de Anthony Willis y el diseño de vestuario construyen un universo visual de gran impacto. Todo es lujo, precisión estética y cuidado formal. La película se ve muy bien. Pero todo ese despliegue resulta inútil frente a un guion mal escrito, con diálogos obvios, cargados de clichés, situaciones impostadas, conflictos forzados y resoluciones que, en más de una ocasión, rozan la incoherencia.

La banda sonora, que alterna la música de Anthony Willis con canciones de Charli XCX, tampoco logra integrarse al relato. Lejos de potenciar la intensidad emocional, termina ahogando la película en una búsqueda desesperada de drama y épica que nunca llegan. La emoción se fuerza, se subraya, se insiste… y aun así no aparece.
En el centro del problema está la dupla protagónica. Margot Robbie y Jacob Elordi no conectan nunca. No hay química, no hay tensión, no hay vínculo creíble. Sus diálogos suenan recitados, mecánicos, casi como si estuvieran leyendo versos aprendidos de memoria, en un registro más cercano al melodrama televisivo que al drama cinematográfico. La relación central, motor absoluto de la historia, carece de la intensidad, la toxicidad y la violencia emocional que exige el texto original.
El resultado es una adaptación que traiciona el espíritu de la novela al vaciarla de su conflicto más profundo. Lo que debería ser pasión desbordada, obsesión, resentimiento y autodestrucción se transforma en un ejercicio estético prolijo pero hueco, incapaz de conmover, incomodar o perturbar.
Esta nueva versión de Cumbres Borrascosas está tan mal realizada que, de haber sido la tesis final de cualquier estudiante de dirección cinematográfica, probablemente terminaría bochada. Una película sin pulso, sin emoción y sin identidad, que desperdicia un material inmenso y un equipo de primer nivel en una relectura fría, fallida y olvidable.