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Crítica El día del fin del mundo: Migración: catastróficamente aburrida

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El día del fin del mundo: Migración (Greenland 2: Migration, Reino Unido, Estados Unidos/2026). Dirección: Ric Roman Waugh. Elenco: Gerard Butler, Morena Baccarin, Roman Griffin Davis, Amber Rose Revah, Sophie Thompson, Trond Fausa Aurvåg y William Abadie. Guion: Chris Sparling y Mitchell LaFortune. Fotografía: Martin Ahlgren. Edición: Colby Parker Jr. Música: David Buckley. Distribuidora: Diamond Films. Duración: 98 minutos. 

El día del fin del mundo (Greenland, 2020) seguía a la familia Garrity en una carrera contrarreloj para alcanzar un búnker en Groenlandia, uno de los pocos refugios capaces de resistir el impacto de un cometa que amenazaba con extinguir a la humanidad. La película funcionaba como thriller de supervivencia, con un foco puesto en la angustia, el caos social y la fragilidad de los vínculos bajo presión. Sin ser brillante, al menos tenía un motor narrativo claro y un rumbo definido.

Cinco años después de aquella catástrofe global, la secuela vuelve a situar a los Garrity viviendo en un búnker subterráneo construido en Groenlandia, con el 75% del planeta literalmente hecho polvo por razones tan obvias como absurdas que, por decoro y para no caer en el mal gusto del spoiler, mejor no detallar. La cuestión es que deben emprender un viaje hacia Inglaterra y Francia. Ese desplazamiento funciona como el puntapié inicial de esta nueva entrega de cine catástrofe, que además se apega con rigidez a todos los lugares comunes del género.

La premisa, potente y cargada de posibilidades, queda rápidamente sepultada bajo una sucesión de parlamentos solemnes, reflexiones impostadas y escenas estiradas artificialmente, que no conducen a ningún lado.

Donde debería haber tensión, hay quietud; donde podría haber peligro, hay discursos interminables con cara de sufrido por parte de John Garrity (Gerard Butler), su esposa Allison (Morena Baccarin) y su hijo adolescente Nathan (Roman Griffin Davis), que hacen lo que pueden para tratar de sacar a flote un film que se va hundiendo con el correr de los minutos. La narración avanza con una lentitud exasperante, atrapada en un tono grandilocuente que vuelve cada situación previsible, repitiendo conflictos, gestos y decisiones sin evolución real, subrayando cada emoción hasta el agotamiento.

Cuando llegan las situaciones límite, estas no terminan de funcionar porque carecen de verdadera sensación de amenaza: todo está tan pasteurizado que el resultado se parece más a las escenas dramáticas de una telenovela turca que a un relato de supervivencia extrema.

Los escenarios postapocalípticos apenas se exploran, los desastres son escasos, breves y sorprendentemente poco impactantes, y la puesta en escena elige siempre el camino más cómodo, sin riesgo ni ambición visual.

El día del fin del mundo: Migración termina siendo una secuela totalmente innecesaria, sin verdadero peso dramático ni narrativo, que tampoco entrega demasiado en lo visual y se olvida de lo esencial del cine catástrofe: entretenimiento a gran escala y, a la vez, lectura social. Dos premisas que aquí brillan por su ausencia, transformando la película en un intento de épica shakesperiana mal entendida y peor ejecutada.

 

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